miércoles, 17 de febrero de 2016

La frivolización de la televisión


Escribe: Carlos Alberto Rosales (*)

En los últimos años asistimos a un penoso espectáculo televisivo, en el cual desfilan programas cuyo contenido es una falta de respeto a la inteligencia de millones de personas.

La dictadura del rating ha impuesto programas cuyo fin es, como lo dijo el sociólogo francés Pierre Bourdieu, explotar al máximo las pasiones del ser humano.

Hoy la televisión está tan entretenida en su espectáculo, que obvia lo realmente importante. Se ofrece un burdo resumen visual de lo que ocurre en la sociedad. Faltan espacios que fomenten el debate de ideas sobre los temas de interés público, como seguridad, economía, transporte, etc.

No se trata de teñir con un manto de seriedad los contenidos televisivos, pues uno de los fines de la televisión es entretener. Sin embargo, asistimos a una frivolización televisiva que ha encontrado en el espectáculo, su forma y razón de ser.

Las audiencias tienen el derecho a ver contenidos de calidad, pero la televisión hace poco esfuerzo en lograrlo. Aunque hay honrosas excepciones de programas que vale la pena destacar.

La filosofía del rating está haciendo que la ciudadanía pierda noción de la información de interés general, pero también socava la credibilidad de la televisión.

La degradación ética en los medios de comunicación le hace pagar una factura muy cara a la democracia y la cultura crítica del país. La televisión ha dejado de asumir su responsabilidad social inherente, al relegar la agenda mediática en función del rating.

Como consecuencia de esta realidad, es obvio que tengamos un buen porcentaje de la opinión pública poco informada y con una visión limitada de la realidad. Asimismo, una sociedad con poca capacidad crítica para elegir a los mejores representantes.

La autorregulación de los medios de comunicación tiene sentido si va acompañada de planteamientos ciudadanos que critiquen y denuncien los errores y excesos que se cometen a diario en la televisión. 

Los periodistas y comunicadores debemos ser los primeros en hacer una autocrítica sincera del trabajo que desarrollamos.

Los medios de comunicación deben hacer suyos los principios de autorregulación acordados por la Sociedad Nacional de Radio y Televisión, empezando por el respeto a la dignidad de la persona humana y la veracidad.

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(*) Periodista

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